El físico Richard Feynman utilizó este proceso para aprender desde a tocar los bongos hasta mecánica cuántica. Tú también puedes.

Uno pensaría que ser un físico ganador del Premio Nobel, y uno de los genios científicos más célebres del país, sería suficiente para un tipo. Pero Richard Feynman, según la leyenda, siempre quiso saber más, aprender más. Brain Pickings cita a su biógrafo, James Gleich:  "No privilegiaba ninguna habilidad por encima de las demás, se enseñaba a sí mismo a tocar la batería, a dar masajes, a contar historias, a ligar en los bares, considerando todo ello como oficios con reglas aprendibles..."

¿Era todo este aprendizaje producto del genio de Feynman, de su cerebro extraordinariamente rápido e inventivo? Si así fuera, no nos quedaría más remedio que maravillarnos de su capacidad para dominarlo todo, desde los bongos hasta la mecánica cuántica. Pero, afortunadamente, el don de Feynman para aprender no era solo una habilidad innata. También tenía una técnica para aprender cosas nuevas, y lo que es mejor, es sencilla y fácil de aprender para los que no somos expertos.

Shane Parrish, la mente detrás del sitio Farnam Street, ha esbozado esta "Técnica Feyman" tanto en su propio blog como en un artículo reciente para Quartz. He aquí los fundamentos del proceso en tres pasos.

1. Enseñar a un niño.

Feynman fue uno de los grandes divulgadores de la ciencia de vanguardia, e insistía en que incluso los conceptos más difíciles podían explicarse con palabras que cualquiera pudiera entender.

De hecho, en su opinión, utilizar un vocabulario rebuscado suele ser señal de que no se ha entendido del todo un tema. Por eso, el primer paso de su "Técnica Feynman" consiste en sacar un papel y explicar por escrito lo que estás intentando aprender como si estuvieras hablando con un niño de 8 años no especialmente dotado.

"Cuando escribes una idea de principio a fin en un lenguaje sencillo que pueda entender un niño (consejo: utiliza solo las palabras más comunes), te obligas a entender el concepto a un nivel más profundo y simplificas las relaciones y conexiones entre ideas. Si te cuesta, tienes una idea clara de dónde tienes algunas lagunas. Esa tensión es buena: anuncia una oportunidad para aprender", explica Parrish.

2. Retrocede.

Al principio, te costará transmitir tu nuevo tema en términos tan sencillos. No pasa nada. Considera cada vez que las cosas se compliquen o no estén claras como una señal de que necesitas estudiar de nuevo esa sección en concreto.

"Por ejemplo, si tienes un examen de biología próximamente y tienes problemas para explicar la evolución en términos sencillos, abre el libro de biología y empieza a releer la sección sobre evolución. Ahora cierra el libro, saca un nuevo folio en blanco y explica la sub idea (en este caso la evolución) con la que estabas teniendo problemas", ofrece Parrish.

3. Repasa y simplifica.

Llegados a este punto, deberías tener notas completas que transmitan lo que intentas aprender en tu propio lenguaje, simplificado. Lo único que queda por hacer es repasar y consolidar esos conocimientos. "Léelos en voz alta", sugiere Parish. "Si la explicación no es sencilla o suena confusa, es un buen indicio de que tu comprensión en esa área necesita algo de trabajo".

El plan en 3 pasos de un Premio Nobel para dominar cualquier materia